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DE ABRIL. DIA MUNDIAL DE LA DANZA
El 29 de abril de
cada año, desde 1982, por iniciativa del Comité de Danza Internacional del
Instituto Internacional del Teatro (CID-UNESCO) se celebra en todo el mundo el
“Día Mundial de la Danza”. “La danza es la forma original, la más antigua de la
expresión humana. A través del cuerpo y del lenguaje físico, la danza tiene una
poderosa conexión con los mundos emocional y espiritual. En la cultura
tradicional Aborigen, la danza es el alma, como una especie de medicina
sagrada. La danza está enraizada en la tierra, conectada con el espíritu de la
Madre Tierra. Mientras no te entregues a la danza no podrás cazar tranquilamente.
Es una parte integral de la existencia humana (...)”
LA MÚSICA DE LAS PROFUNDIDADES
El mar es un baúl con infinidad de secretos. La
música de sus profundidades esconde enigmas como el hermoso canto de las
ballenas jorobadas, como he comentado anteriormente.
Estos animales, que producen el canto más largo y
complejo del mundo animal, pueden llegar a entonar canciones de hasta treinta
minutos. Una ballena se puede comunicar desde Canadá con otra ubicada en Puerto
Rico únicamente con sonidos dada su escasa agudeza visual y uso del olfato en
el agua.
Las melodías de las ballenas despiertan numerosas
emociones en el ser humano ya que existe una fuerte conexión entre su música y
la nuestra, utilizamos las mismas leyes musicales. Las ballenas son seres tremendamente
sociales, que al igual que el ser humano, cantan para expresar sus
sentimientos.
Otro canto-música se lo designamos a las sirenas
que, aun siendo imaginación de poetas de la Antigua Grecia, no debemos olvidar
que inspiraron a muchos y que su canto ha acompañado e hipnotizado a marineros
y pescadores a lo largo de los tiempos, un canto enigmático proveniente de las
profundidades del océano, un canto que nos atrapa y nos acerca a nuestra
esencia, el lugar del que todos venimos, el espacio en el que se inició la
vida, el mar.
El sonido del mar nos arrastra a nuestro origen, al
útero materno, al canto de nuestros antepasados. Es por ello que el ser humano
no se cansa de evocarlo, porque evocar el mar es evocar lo más profundo de las
emociones humanas.

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